“Vivía cerca del mar una bondadosa alma, la de un molinero. El y su esposa se dedicaban a moler el grano para la gente de su pueblo.
No reinaba tanta felicidad en ninguna otra población como en aquélla. Sus habitantes estaban absolutamente maravillados, pues reconocían que algo fuera de lo normal debía de estar ocurriendo para que los lugareños se sintieran tan felices y juiciosos. Y si bien nacían, se criaban, se hacían adultos al otro mundo desde esa misma población, no fueron capaces en toda su vida de llegar a descubrir
el misterio.
Esta noche voy a correr la cortina para revelar que fué lo que hizo a la gente de ese pueblo tan feliz y próspera, tan alegre y juiciosa.
Fue el servicio del molinero y su mujer y el amor que ponían en la harina, el cual se llevaban a casa en sacos cargados a la espalda, la compraban y luego la horneaban para hacer el pan..En cada comida el poder regenerador del amor procedente del molinero y su esposa era irradiado por la mesa y se introducía en el cuerpo de quienes comían el pan.
Así pues, como poder radiactivo, la energía de ese amor vibrante del molinero y de la esposa de éste se esparció por toda la población.
Los vecinos jamás supieron la razón de su felicidad y nadie del pueblo fue capaz de descubrirlo.
Porque a veces-aunque vivan uno al lado del otro-los hombres son incapaces de descubrir los secretos más simples del otro”.Un besito a cada uno de los que leen, Rosi.
